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Qué hacer cuando te quedas sin pareja a los cuarenta

Crisis de los 655533

Carlos Reyes Monter. Podríamos decir entonces que una crisis es un momento de evaluar y tomar decisiones importantes en donde se presentan retos y oportunidades. Actualmente, gracias a los avances médicos e higiene doméstica, se tiende a llegar en un mejor estado físico que en generaciones anteriores. Obviamente esta etapa de cambios repercute en las relaciones de pareja. Para algunas parejas, puede ser un periodo de calma y serenidad.

Un trayecto con sus trastabilleos y momentos de paz, tormentas, ocasos y amaneceres cuando de pronto: La crisis de la edad en pareja. La longevidad —producto de la ciencia y de la tecnología- es una constante en nuestro siglo XXI y las parejas, ya sea en primeras, segundas o en terceras nupcias, o emparejamientos o arrejuntamientos, gustamos de construir relaciones amorosas ya bien entraditos en edad. Sin duda el mayor temor es con frecuencia la llegada de la menopausia y de la andropausia, y con ella el aburrimiento y la falta de vitalidad. La calidad de vida y el manejo de la crisis entrados los cincuentas, depende no solo del manejo de nuestra dimensión física sino de la forma de vida elaborada en los años previos. Esta madurez emocional, abre la puerta a la actualización de las relaciones amorosas con una gran caja de herramientas adaptarse al cambio. Para acompañarnos en pareja durante esta etapa hemos de asumir que con los años podemos perder ciertas facultades físicas pero también entender que —si seguimos buscando estrategias de adaptación sanas- ganaremos habilidades que nos den plenitud y satisfacción. La capacidad de valorar el erotismo de forma positiva a través del tiempo, incluye el desarrollo de la dimensión erótica de forma integral y no solo hormonal, y esto implica el cuidado al cuerpo integral. Nunca he visto a un joven, por realizado y competente que sea, disfrutar de la plenitud integral que aporta la madurez de una vida bien vivida. Lo mejor a los 50 o a los 60, no tiene nada que ver con lo mejor de los 25 o de los 50, es diferente, hay pérdidas sí, pero ganancias también.

En la vida vamos pasando por diferentes crisis psicológicas. Tópicos para algunos, inexistentes para otros, pero la realidad demuestra que cuando se acerca esta edad hay un porcentaje de hombres y mujeres, caen en un estado de profunda confusión, revisión de lo vivido y lamentos por ilusiones que se han quedado en el camino. Para superar esta crisis sin que conlleve un maremoto emocional y decisiones inapropiadas. Las mujeres viven una segunda juventud.

Pensar que la existencia humana es sencilla o cómoda es engañarse o ser muy ingenuo. Aceptar esa cualidad de la vida es de alguna manera vivir bajo un principio de realidad. Partiendo de ese punto, es de alguna manera comprensible, al menos de inicio, que llegar a los 40 años de edad pueda ser motivo de una crisis mayor para algunas personas. Todavía hasta los 30 se percibe cierto resabio de juventud y vitalidad, pero con los 40 la historia es otra. De alguna manera es como si ante lo incontrolable de la existencia, se opusiera un acto desesperado para demostrar o afirmar que sí se tiene control sobre la existencia. Cabe mencionar en este punto que el factor de riesgo en esos u otros comportamientos asociados con la llegada a los 40 años no tiene necesariamente o en todos los casos una implicación negativa. Sin embargo, su asociación con una crisis se presenta cuando el comportamiento en cuestión genera efectos dañinos para la persona y su entorno.